Santa Teresa decía de él: "Querría yo persuadir a todos que fuesen
devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes
que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y
le haga particulares servicios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues
ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan" (V 6,7)

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